Mujeres en la historia de Corocoro

Fuente.

A mi madre Yolanda Chuquimia (+), quien mediante sus recuerdos convertidos en palabras mantuvo vivos los relatos e historias de Corocoro. 

por Mario R. Durán Chuquimia (*)

Las historias de mujeres de Corocoro están presentes en la memoria de los habitantes de Corocoro, ciudad minera asociada a la explotación del cobre, protagonista de hechos históricos, y caracterizada por ser origen y cuna de la danza, el traje y la mascara del Ch'uta, aunque estas historias deben ser recopiladas y conservadas. 

En el libro "Historia de una leyenda : vida y palabra de Juan Lechín Oquendo, líder de los mineros bolivianos" de Lupe Cajias, se encuentran referencias a la madre de Lechín, la cholita Juana Oquendo, quien fue parte importante en la vida del dirigente minero y vicepresidente de la entonces Republica de Bolivia.  


También, encontramos las imágenes de las mujeres en las minas de Corocoro, ya en el sacrificado trabajo de "palliris" (q'areadoras), quienes trituraban piedras que contenían el mineral de cobre utilizando piedras de Comanche y martillos, separando el mineral de cobre, obteniendo un pago miserable por tan sacrificada labor. Otras como Juana Castillo, después de sufrir violencia intrafamiliar, lograron acumular fortuna y mejorar sus condiciones de vida.  


En el libro de  "Historias de Mujeres: Mujeres, Familias, Historias" (2011) es una obra compilada por Ana María Lema Garrett, se encuentra la investigación histórica sobre Juana Castillo, escrita por Pilar Mendieta. Un resumen de la investigación se publico en "Las mujeres en la historia de Bolivia siglos XIX y XX, de la invisibilización a la lucha por la equidad e igualdad", que indica y se transcribe textualmente: 

"En el mismo departamento de La Paz, Juana Castillo vivía en el siglo XIX en el centro minero y comercial de Coro Coro, en la provincia Pacajes. Estuvo casada desde 1858 con Gregorio Cusicanqui, un descendiente de cacique, en un matrimonio considerado como “desafortunado” (Mendieta, 2011). El marido se dedicaba al comercio, la tenencia de tierras y el préstamo de dinero pero sin mucho éxito. Parece haber estado completamente sometido a la personalidad de su madre, Gregoria Nates, una mujer con recursos que era rematadora del impuesto del romanaje (1) , controlaba el estanco de alcoholes y era dueña del tambo de harinas en el pueblo además de poseer casas y tierras (Ibíd.: 83).

Por influencia de esta señora, la pareja se separó en varias oportunidades pero también se reconcilió y ahí aparecieron los hijos, lo que no impidió que Juana iniciara un juicio contra su marido por los maltratos que recibía (Ibíd.: 84). Según Mendieta, Juana supo sacar provecho de su papel de víctima pero a la vez fue valiente por denunciar a su esposo. Luego de su separación, mediante “licencia marital” que le negó Gregorio, Juana tomó las riendas de su vida e inició varios emprendimientos que resultaron ser positivos: puso una tienda de abarrotes en plena plaza de Coro Coro, vendía pan aunque sin permiso, lo que suscitó un enfrentamiento con el gobierno municipal (Ibíd.: 86). Logró acumular un capital que pudo invertir en más tierras y convertirse así en hacendada con propiedades en Yungas y otras cerca de Patacamaya.

A la muerte de su esposo, en 1881, conoció a un comerciante alemán con el que se casó. Desde 1890, radicó en La Paz hasta su muerte, en 1919. En esos años, la pareja tuvo que enfrentar varios juicios en torno a sus propiedades. La autora supone que Juana tuvo mayor presencia en las haciendas que su esposo, debido a su carácter, sus experiencias previas y el hecho de que hablara aymara. Además, recibió poderes de su esposo para llevar adelante algunos tratos con la mano de obra. Ha sido recordada como una mujer justa, severa, autoritaria e imbuida de su poder, representado por las llaves de las haciendas que guardaba siempre con ella (Ibíd.: 93)".



De la vida de la sra. Juana Castillo, se puede extraer un primer apunte sobre la violencia intrafamiliar que fue característica de la vida en los centros mineros y del excesivo consumo de alcohol por parte de los mineros, similar a otros centros mineros. El segundo apunte tiene que ver con el proceso de acumulación de capitales, producto del comercio en Corocoro, similar a otros casos de la formación de fortunas asociadas a la explotación del cobre. Como se vera, hay aspectos por explorar de la historia de Corocoro.     

Notas:

(1) Un impuesto que pagaban las comerciantes por el uso de las balanzas llamadas “romanas”.

Bibliografía consultada:

Las mujeres en la historia de Bolivia siglos XIX y XX, de la invisibilización a la lucha por la equidad e igualdad


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